|
Tuve un sueño donde aparecías caminando en nubes de cristal y el sol se reflejaba en mis ojos como naciera una estela de luz al mirarte. Quise entender razones, pero la belleza de lo que veía me cautivaba de tal forma que sólo había espacio para admirar hasta que...
Te miré y me dijiste:
—¿Desde cuándo me has estado buscando?
—¿Siempre?— Contesté dudosa.
Me preguntó:
—¿Existe el tiempo aquí? Éste es tu sueño, ¿verdad?
Despertaría pronto y quizá no recordaría nada de esto. Un sentimiento
de felicidad me acompañaba porque sueños como éste no pasan todos los
días.
No tenía que contestar, pero lo hice:
—Sí, a menos que no quieras.
Me preguntaste:
—¿Las reglas de éste juego son tuyas?
—¿Por qué le llamas juego si es un sueño? — Dije.
Y como si me conociera lo suficiente para saber que para contestar una
pregusta lo mejor es responder con otra cuestión para hacer pensar al
que tiene dudas, así que me cuestionó nuevamente:
—¿Hay reglas?
—No. —Contesté.
—¿Entonces, porqué no puedo hacer lo que quiera y me tengo que adaptar a lo que tu te imaginas deba suceder?—Me preguntaste.
—¿Será porque esta conversación es realmente un monologo, hablo conmigo
misma más que contigo, puesto eres parte de mi sueño?—Dije.
—¡Qué egocéntrica suenas! De ser así, prefiero alejarme de
ti.—Exclamaste muy indignado caminando hacia la orilla de la nube donde
como lluvia caerías.
—No trato de decir eso, sino todo lo contrario. Si soy agradable, tu
serás más lindo porque te contagiaría de mi forma de ser. Además, si
esta platica es para algo, debe ser para que aprenda algo de mí en
forma de un sueño. ¡Espera! De todos modos, pronto desaparecerás…
—¿Cómo?—Preguntaste.
—Si yo te soñé, entonces morirás cuando despierte.—Contesté.
—¿Entonces, yo no existo?—Volviste a preguntar.
—Sí, quizá te vuelvo a soñar.—Dije.
—Sigo pensando que eres muy ególatra. Piensas que lo que te rodea (incluido yo) depende de ti.
—Pero… Pero… ¿No crees que lo que ves en mí es lo que ves en ti? Somos parte de lo mismo.—Le dije.
—Y no sólo eso, ahora, te crees muy inteligente…
—¡Ya fue suficiente!—Dije en voz alta en mi cuarto y en eso desperté.
La cama seguía en donde mismo. No estaba encima de las nubes donde te
miré, pero claramente oía en mi mente resonar la frase:
“Si yo te soñé, entonces morirás cuando despierte.”
Al menos, sé que no estoy en ni soy el sueño de alguien más… ¿O sí?
¿Qué pasará cuando el gigante dormido que llamamos universo despierte?
¿Me dejará vivir un poco más?
En eso, me quedé dormida otra vez y volví a soñar contigo en aquellos
sueños de cristal que al parecer podían ser tan hermosos como lo
quisiera o tan disgustosas como lo haya querido dependiendo de mis
formas de actuar cuando estuve despierta.
|