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Estábamos abriendo las cajas. Un pequeño duende apreció detrás del árbol. Nos preguntó:
—¿Recuerdan el significado del amor?
Nos quedamos callados. Nunca antes habíamos visto a un duende. Su cara
se iluminó y su voz resonó en todo el cuarto cuando volvió a preguntar:
—¿Por qué no me contestan?
Suavemente, contesté:
—Sí.
—Entonces… ¡Me aceptarán en su familia!—Nos exclamó el duendecillo. No
era feo, sino un poco chistoso. Eran las expresiones de su cara las que
nos dejaban perplejos.
Se acercó a las cajas. No nos movimos. Lo vimos meterse a las cajas y revolcarse en el papel de protección para los regalos.
—¿Acaso no tienes otras personas con quién quedarte?––Le pregunté.
—Perdí la memoria. Sólo me pasa algo raro: Sentir amor. —Me contestó.
—¿Tienes poderes especiales?—Le preguntó el bebé de la familia.—Yo leí un cuento donde habían personajes como tú.
—Los cuentos tienden a exagerar las cosas para atraer mayor audiencia.
Aunque hay varias cosas divertidas que puedo hacer, pero no sé si
ustedes lo pueden hacer.—Le contestó el duende mientras agarraba un
montón de papel y se lo metía a la boca.
—Todos podemos comer papel, pero no es bueno. Me dice mi mamá. ¡No lo hagas!—Le dijo el chiquito.
El duende no hizo caso, pasaron varios minutos y el duende no se movía.
De repente, empezó a toser y nuestra sorpresa fue ver a un pequeño
personaje hecho del papel que se había tragado.
—Él es un escritor. Se llama Ideas.—Les dijo el duende.
—¿Y tú, cómo te llamas?—Le preguntó el pequeñito de la casa.
—Soy el duende Plop.
—Me llamo Mel. Me da mucho gusto conocerte.—Le dijo mientras le
extendía la mano, pero el duende se volteó a ver al escritor antes de
ver a extendida, aproveché y tomé a Mel en mis brazos.
El duende le dijo al escritor que el mundo necesitaba paz y le preguntó:
—¿Qué puedes hacer tú?
—Utilizar mi voz.—Contestó.
Ese día el escritor no paraba de decirnos cosas que nos llenaban de
ilusión, pero pasó el tiempo y comenzamos a pelearnos. Mel quería cosas
que no podíamos darle y el escritor había prometido que recibiría.
Entre muchas otras cosas, las ideas y palabras pasaban en manos de unos
a otros con consecuencias devastadoras. Una palabra podía herir y otra
parecía sanar. Se la pasaba diciéndonos que era lo mejor para cada
quién según lo que le decíamos que queríamos. Imagino que trataba de
que lo aceptáramos, pero fue tal el desastre que no nos podíamos ver a
la hora de comer porque sería un pleito seguro.
Plop no sabía que hacer. Sólo nos veía con amor. Él había intentado
ayudarnos porque le habíamos dicho que podía ser parte de la familia,
pero todo iba de mal en peor. Así que un día…
Plop e Ideas se pusieron a discutir:
—¿Te das cuenta de lo que has hecho?—Le dijo Plop a Ideas muy tranquilo.
—¿Yo? Tú me inventaste.
—Cierto… Perdóname por hacerte tan dura pregunta. ¿Qué vamos a hacer,
ahora? Pronto, no nos aguantarán más y nos sacarán de sus vidas. O
quizá, ni siquiera se han dado cuenta de que hemos sido los culpables
de todo su desdén. Y si… ¿Dejas de decirles cosas?
—Pero… Voy a estar triste. No tendré más que hacer. Nací para usar mis palabras en forma de ideas.
—Vamos a intentarlo. ¡Por favor! Veamos que pasa…
—Está bien. Lo haré. ¿Vas a comerme?—dijo Ideas.
—Quiero inventar algo que no les traiga conflicto, sino admiración de lo observado y amor hacia lo que los rodea y son.
—¿Si me hago poeta?—Le dijo Ideas, audazmente.
—¡Excelente idea! Aún así, tendré que comerte.—Dijo Plop.
Viendo que no tenía opción, Ideas se dejó deshilar y se convirtió en un montón de papeles.
Plop empezó a comerse el papel y al cabo de un rato nació un pintor.
Nunca volvimos a verlos, pero dejó una nota pegada en el espejo del
cuarto de Mel que decía:
Me fui a través del espejo. No quise causarles inconvenientes. Espero
encontrar a mi familia allá. Les dejé a un pintor, dudo que lo
encuentren. Es mi regalo por el amor que me han dado. Esto fue lo que
me pasó:
Pintando la vida
Queriendo conservar la paz,
inventé a un escritor
que es admirado por el mundo
gracias a su voz
que dice:
…Inventé lo que llaman ilusión
trabajé lo que llaman veracidad
y coloqué en la pared que llaman
eternidad…
Le llaman porque…
No existe.
Es un agujero en la pared
que te dicta por donde caminar,
sin conocer realmente
de donde proviene la luz.
Los destellos no son las
palabras,
ni las ideas pintadas de sol,
sino la admiración
que existe en nuestro interior.
Callé al escritor,
pero nació un pintor
que aún hoy sigue bailando
en las calles de éste.
Dicen que desde entonces,
el escritor no ha vuelto a escribir,
pero el pintor encontró la manera
de hechizar al hombre con amor
y todos danzaron al son de la paz
en el piso del infinito.
Los ama, el duende Plop
No hemos vuelto a verlo, pero dice Mel que a veces lo encuentra en el
espejo cuando se le pierde el cepillo. Y la casa se unió, pero algo
cambió dentro de nosotros.
¿Qué habrá sido?
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