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La Criaturita PDF Print E-mail
Written by Lina Ru   

Érase hace muchos años, en una galaxia remota, había un ser que existía con un vendaje en los ojos. Él creía estar ciego porque lo poco que alcanzaba a ver era el negro y destellos ocasionales de luz. En aquella galaxia remota, no habían humanos, sino seres guiados y llenados por algo llamado Lixiuz. Tenían extremidades cortas, pero con un tronco bastante complejo donde adquirían extremada habilidad y movilidad.

Ese tronco era donde se resguardaba su animux lixiuz, la luz que los llenaba de plenitud, ellos estaban concientes de ese milagro habitado en su interior. Dicen por ahí que sucedió que conocieron a un alienígena que venía de una galaxia distante, la cual aquel alienígena llamaba Tierra.

La primera pregunta hacia él, que hoy es un mito, fue: ¿Porqué le llaman Tierra al lugar donde habitan?

El hombre muy seguro dijo:

Pues, porque de eso esta formada el lugar… De tierra.

¿Y qué es la tierra? – Le preguntaron las criaturas que le rodearon con mucha incredulidad.

Es… Creo… diversos compuestos químicos y bioquímicos, entre animales y muchas otras cosas.

¿Animales? ¿Qué son esos?

Pues, criaturas que comen, beben y juegan. Cosas de ese tipo.

¿Tienen conciencia?

Pues, los animales no. La gente como yo, sí.

¿Cómo se demuestran a sí mismos su conciencia? ¿Estas seguro de eso?

No sé.

Ya veo.– Dijeron todos en unísono como si se comprendieran lo que sintieran y se lo pudieran comunicar. Sorprendido el humano se quedó absorto en sus pensamientos. Agachó la cabeza y comenzó a escribir en el piso. Mientras tanto, las criaturas lo miraban como si estuvieran viendo a un niño de su linaje jugar.

Quizá estaré aquí por mucho rato. Pueden irse por ahí.– En esto, las criaturas entendieron que buscaba soledad. Lo dejaron solo y ahí lo dejaron absorto en sus pensamientos.

Ninguna de las criaturas podía entrar a los pensamientos, ni al alma de aquel ser humano. De todas formas, eso ya no era importante. Ellos debían esperar a ver lo que este hombre haría.

Estas criaturas suelen tener una imaginación tan grande que comenzaron a crear un personaje para hacerlo realidad. Quizá, pensaron, lo que necesita este hombre es una buena compañía. Y comenzaron a crear a ese ser que sería perfecto para él, puesto la perfección para esas criaturas es un estado subjetivo del ser, puesto todo por existir debería ser perfecto, sino porqué existir.

Ellas creían en el estado de perfección por existencia. Ése era un principio establecido en sus creencias filosóficas desde millones de años atrás. Fue así, como crearon a Ilireu, un ser extraordinario. Ilireu parecía ser un humano físicamente, pero en realidad no lo era. Tenía la esencia de esas criaturas de esa galaxia impregnada de sublimidad.

Este ser, no era hombre o mujer aún, con el tiempo elegiría una de ambas opciones acorde a su necesidades. Esta criatura estaría en control total de emociones, por lo tanto, no se enojaría ni sería inmensamente feliz a menos que la criatura lo deseara. Su presencia brindaría una paz inmensurable, porque esta criatura estaría con esa paz que solo las criaturas de la galaxia donde la crearon pueden sentir.

Mientras se estuviera en presencia de esta criatura, las personas sacarían lo mejor de ellas mismas por el aura que desprendería. Su honestidad alcanzaría barreras extraordinarias puesto, sabría mantener su honestidad sin necesidad de decir cosas indebidas. Ya que tendría conciencia plena de sus palabras como acciones que pudieran cambiar formas de vida, dar sonrisas o peor aún tener la capacidad de lastimar de forma que la criatura no nació para ser.

Las acciones que llegara a realizar, desde hablar, moverse o callar estarían en busca de efectos positivos, puesto lo negativo no era parte de la esencia de los seres que la crearon. Su paciencia la marcaría en su existencia, al saber que el mundo no corre de la misma manera, su naturaleza la llevaría de la mano para lograr lo que debería, el propósito de su creación.

Esta criatura, aprendería de lo terrenal para entender y llegar a los sublime, a su propia esencia que sería oculta al ser entregada al hombre que estaba absorto en sus pensamientos. Tendría que conocer lo terrenal para llegar a lo sublime, un estado que sólo los que vinieran de esa galaxia podrían obtener.

La estaban mirando, cómo se estaba formando una bolita de luz y pensaron que a esa criaturita le faltaba todavía mucho para poder llegar a transformar ese extraño lugar llamado Tierra, lo poco que le habían otorgado apenas podría cambiar un pequeño entorno, lo sabían y por ello, continuaron.

Le incluyeron en su sangre marcas de verdad, no lo dejarían huir de lo que es. Sabían quienes la crearon que sería difícil seguir la esencia si la Tierra estaba compuesta de cosas llamados animales.

Tendrían que tener cuidado que la criaturita no se convirtiera en uno de ellos, sino en algo más especial. Sabían que tendría que luchar para valorar su verdad, pero esa verdad nunca dejaría a la criatura. Esta lograría tener conocimientos vastos en ese mundo terrenal, pero lograría reconocer lo ínfimo de su existir, puesto allá en las galaxias habían muchos como ella. La criatura sería igual que ellos, pero en un mundo sin criaturitas sabían que sería difícil mantenerse, pero su mismo autocontrol le brindaría la forma de lograr ser humilde. Ya que al perder su humildad se terminaría transformando en algo que la Tierra creó. Esa sería su maldición como todo, hasta en galaxias lejanas hay requisitos para ser quién se es, ser humilde era su condición. Y esta no sería la excepción.

La criatura llegaría a ser la más feliz, sólo si lograra mantener ese niño dentro de su ser, no perdiera la persistencia si hubiere que caer, tendría fe en lo que existe simplemente por existir, encontraría luz en lo más oscuro, si sigue esa verdad que le llama y le dice:

Criaturita no eres de este mundo, tu verdad esta ahí, sólo búscala dentro de tu ser. Y en ese instante, se iluminará tu existir.

En eso se escuchó al hombre gritar, los estaba llamando. Dejaron a la criaturita, la envolvieron en un globo de terrenalidad. La tomaron, y se acercaron al hombre y este les dijo:

Ya entiendo como demuestran su conciencia.

¿Cómo? –volvieron a preguntar todos en unísono.

Amando.

¡Cómo! –exclamaron sorprendidos.

Sí, si amas logras un estado de conciencia donde despiertas de la oscuridad porque es en donde se ubica la luz.

¿Pero, amar a quién? –dijeron todos como si pensaran lo mismo siempre y estuvieran conectados por sus almas.

Aún no lo sé.

Mm. Sabes, creo que estas cerca de la respuesta. Nosotros conocemos la respuesta. No te la podemos dar porque no la entenderías, pero te daremos una criaturita. Quizá, te podrá ayudar. De ti depende si lo logra, pero depende más de la criaturita que logre sublevar lo que le hemos dado.

¿Cuántas criaturitas han llegado a darnos? –Preguntó el hombre bastante sorprendido.

Si te dijera, ¿cambiaría en algo su vida?

No. Entonces, no preguntes. Ve y haz de esta criaturita lo mejor de sí mismo. Quizá encuentres las respuestas, y si no, no te preocupes, ve más allá de las palabras.

En eso, el hombre callado, tomó el globo terrenal y se lo guardó debajo de la piel. Regresó a la tierra, y la criaturita tomó forma. Quién es, y dónde está, es un misterio. Habrán existido otros como esa criaturita, si observas a tu alrededor quizá puedas ver que hay muchas más criaturitas de las que te puedes imaginar… Todo esta en el amar.

¿Acaso conoces a una criaturita? ¿Será tu amigo? ¿Será tu vecino? ¿Serás tú? Si lo eres, ¿qué esperas para brillar e iluminar a todo el que te mira?