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El viaje de mi abuelo PDF Print E-mail
Written by Lina Ru   

No recuerdo bien cuando descubrí que mi abuelo llegó.... Ni cómo fue que tuve la certeza, pero como buen cuento que soy debo tener la esperanza de ser real, confío en que existo.

Hubo algo que lo detuvo, el amor. No se podía ir y mandó a una estrella del cielo para resolver ese dilema de amor...

Realmente, eso no importa.

No sé de que forma o en que sentido, pero sé que llegó y sé que se regresó para llevarla hasta allá.

El mar de sus ojos no podrían mentir, la manera loca de confesar que la amaba, hermosa que es ella por lo que lleva. También, en ese mar en los ojos, por el mar que logró ver en el hombre que le dio vida...

¿Amarla de esa manera loca? Aunque todavía no ha visto el mar?

Mar de sus ojos... ¿Quieres conocer al amor?

Te contaré como descubrió al amor...

Hace mucho tiempo, en un lugar cotidiano, como lo puede ser el portón de tu casa se sentaba esperando al amor. Se sentó esperando el momento en el que el amor llegaría. Esperaba porque vivía con muchos hermanos y a veces te toca ser el que no llama la atención, el que parece recibir menos amor. Cuando eres niño, no entiendes muchos conceptos, pero entiendes el lenguaje de querer ser amor.

Sabemos bien que muchas veces el amor se descubre cuando le enseñan a uno que se puede amar. Otra veces, tenemos que descubrir el amor amando, o sintiendo el amor de alguien más. En este extraño caso, no sabemos cómo fue pero en ese portón se abrió el inicio de la vereda.

Sentado, en el portón, como tantos de esos días descubrió a un soldado que le entregó las pláticas más llenas de ilusión, desilusión y extravagante revolución. Día tras día venía el mismo soldado al portón de siempre para platicar con él, su único verdadero amigo.

¿Cuándo es verdadero? ¿Amor? ¿Cuándo es amor?

Dicen que el amor de pareja es el más fuerte, dicen que es el que llega hasta el alma porque dejas de ser tú por un instante corporalmente. Dicen y dicen, pero ¿Desde cuándo el decir y creer en eso que dicen hace que se fundan dos almas?

Dicen que el amor hacía un hijo es el más fuerte, dicen que es el que llega hasta el alma porque es parte de ti y por eternidades dejas de ser tú para vivir en otro. Dicen y dicen, pero ¿Desde cuando el dicen que dejar crecer y existir por amor hace que se hayan fundido dos almas?

Dicen, pero no digas. Busca para los demás, para aprender a amarlos. Sin querer, buscarás para ti.

Lo que se dice es como una gacela corriendo en contra del tiempo para tratar de alcanzarlo. Nunca atraparás lo que no puede dejar de contenerse a sí mismo.

Como aquella vez en aquel portón que se conoció al amor, envestido de un soldado, que ofreció lo que tenía para darle una lección de amor. El día de su partida fue la más triste por no dominar este arte misterioso del amar.

Mi abuelo cayó enfermo, sentía que no tenía motivo para vivir. De esto se enteró el soldado, que había partido a las peleas que le esperaban y la revolución que había defender. Y dejó todo lo que estaba haciendo para regresar con mi abuelo. Lo vio en su cama, triste, perdido y medio destruido.

Mi abuelo creía que el amor era lo que lo tumbó a ese lugar desconocido como dolor de perder al amor. El soldado con ese mar en los ojos, lo miró profundamente sin hablar. Estaban hablando en el lenguaje que no se contiene a sí misma. Con una sonrisa, y un suspiro el soldado le dijo con palabras:
—Sabes que nunca te dejaré. Siempre estaré ahí cuando necesites un amigo, cuando te necesites a ti mismo, cuando quieras salir a vivir. Sabes que estaré en tus ojos. —En eso el soldado, sonrió, una lágrima dulce se escurrió por su mejilla, logró encontrar al mar y dárselo a alguien más. El milagro había ocurrido, podría morir en paz, en aquella revolución entre muerte y pretendida victoria del capitán donde no hay vencedores.

Hubo otro silencio, mi abuelo sintió su corazón arder porque era el amor lo que le había entregado al mirarle con esos ojos llenos de mar, de luz, de amor. Observaba como el soldado se dio la vuelta, y el soldado, con una última mirada volteó hacia atrás notó la mirada de mi abuelo.

No sabemos que vio en la mirada de mi abuelo, el soldado, pero sabía que cuando muriera sería lo más hermoso que pudiere existir. Le dio el regalo y lo entendió, eran elegidos.

Si el soldado hubiera sido mujer… Dicen hubiera sido el amor más fuerte. Si el soldado hubiera sido su hijo… Dicen hubiera sido el amor más fuerte. Dicen y dicen… Y, ¿Qué creer?

Antes de morir, que aquella vez del soldado mi abuelo no murió. Le dio ese regalo a alguien más.

Era ella hermosa, su mirada se transformaría después de observar ese mar en sus ojos. Ella siempre había creído que los ojos de ese hombre eran cafés obscuros, pero aquella tarde, enfermo casi listo para irse le dice:
—Sabes, eres realmente hermosa.

Ella lo miró, la luz de la ventana se reflejaba en unos ojos café miel, amándola como en esta tierra no se puede entender. Le dio la misma mirada, le regaló el mar de los ojos al amar.

Si ese no hubiera sido el amor más fuerte…
¿Acaso estaría aquí escribiéndole al amor?

Se entregó, uno,
se entregó otro y otro
para dejarme existir
que sin su muerte no sería,
otra cosa sería,
si hubiera tenido que existir,
si debía existir.

Creedle al amor cuando se acerque
porque eres tú mismo dejando
que ese mar de tus ojos salga
como oleadas de paz.

Si tienes suerte de que sea tu padre…
Puede que el amor sea más fuerte.

Si tienes suerte de que sea tu madre…
Puede que el amor sea más fuerte.

Si tienes suerte de que sea tu hijo…
Puede que el amor sea más fuerte.

Si suerte tienes de que sea hombre…
Puede que el amor sea más fuerte.

Si suerte tienes de que sea mujer…
Puede que el amor sea más fuerte.

Si tienes suerte, será el amor de verdad
y no importará quien es.

Hoy descubrí que mi abuelo llegó…
Llegó al todo, llegó a sí mismo...

¿Cómo lo sé? Quizá lo sabes...
Sólo lo sé... ¿Intuición?

Antes de morir, él lo sabía...
Tiró toda su ropa,
dejó lo poco que necesitaría
para el segundo viaje que empezaría
a emprender....

Y sólo esperó el momento
que el todo lo llamaría,
que él ya lo conocía.

Y ese día que se fue,
las luces de la casa se apagaron,
luego, tiritaron, despidiéndose
yéndose de ahí.

Ese mismo día,
las luces se volvieron a prender,
venía el amor, no pudo emprender
el viaje que tenía preparado
postergado tuvo que ser,
por amor, por amor, por amor.

Y cayó, el amor,
una estrella del cielo…

Esa estrella que no dejará
que nadie se pierda,
si encuentra el amor.

Porque encontrar al amor,
es encontrar a la estrella
que habita en los ojos su cielo.

Como aquel soldado que nunca dejará,
sin importar dónde esté,
porque amando siempre estará,

Como mi abuelo que nunca dejará,
sin importar dónde esté,
que el amor no tiene tiempo,
es de esas cosas que no pueden
contenerse en sí mismas,
es de esas cosas que
ni la vida, ni el tiempo, ni el espacio,
lo puede evitar.

Por eso estoy aquí,
contigo, tu cuento
en un pretendido papel
intentando liberar
lo que lo contiene,
amándote,
regalándote
ese mar de mis ojos.

Al leerme, por leerme,
no lo olvides,
te conviertes en parte de mí.

Tu cuento te ha dicho,
y hoy, te ha hecho…