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Estábamos atrapadas. Habíamos pensado la forma de salir, pero el perro nos seguía mirando como si fuera su dueño, Foxton. Él era un hombre extraño, nos robó cuando éramos más chicas. No teníamos como sobrevivir, ni sabíamos que podríamos hacer en el exterior. Ciertamente, imaginábamos regresar con nuestros seres queridos, pero no recordábamos dónde vivían.
Todo estaba listo para escapar. La carne para distraer al perro estaba sobre la ventana. Las tres niñas saltaron, faltaba yo. Recordé que tenía que tomar las llaves del carro para irnos. Ellas corrieron, perdiéndose entre la maleza. En cambio, yo busqué las llaves. Encontré muchas, pero no sabía si dejar algunas o llevarme todas.
Perdí horas pensando en qué llevarme y cómo llevármelo. No las
escuchaba. Principalmente, tenía miedo. Estaba atrapada por mis miedos.
No quería irme porque temía del exterior y no quería quedarme porque no
soportaba los abusos de Foxton.
Entró a mi cuarto, me miró con extrañeza y me preguntó:
—¿Qué haces?
—Nada.—Le contesté. No era extraño, puesto gran parte del tiempo me la
pasaba haciendo figuras con la tierra o recogiendo el cuarto. Me empujo
suavemente, vio que todo estaba normal y se fue.
Mientras él se marchaba pensaba el porqué tenía miedo de quedarme y
alejarme. Sabía que estaría viva mientras viviera con Foxton, pero
afuera… Todo parecía ser más hermoso, al menos podría ver un atardecer.
Ya que sólo podía ver amaneceres desde mi ventana.
Por fin, tomé el coraje para saltar de la ventana, pero antes llega el
ayudante de Foxton me levanta y lleva al pueblo. Llegamos a la plaza.
—¿Qué pasa?—Le pregunté.
—Se fugaron. Las estamos buscando. No queremos que te escapes, tu
también.—Me contestó mientras corríamos, sentía como si me arrastrara
del brazo.
Las vi. Estaban ahí sonriendo. Él todavía no las veía, ni ellas a
nosotros. Irónicamente, chocamos. Ellas lo vieron y empezaron a correr,
pero a una niña la tomó como me tenía a mí.
En ese momento, perdí todo miedo. Sentí al amor quitarme todos mis
miedos. ¿Cómo es eso posible? Mi vida había estado basada en la
seguridad, pero en un momento de riesgo todos mis paradigmas parecían
diluirse con la lluvia.
Empezó a llover y yo a patalear, gritarle y morderlo. No me importaba
qué pasaría conmigo, pero no podía quitarle la vida interior a esta
niñita. Nos soltó. Por primera vez, corrí lejos de mis carceleros.
Le dije que me siguiera. Me subí a un árbol que conocía en mis sueños.
Había tenido tres sueños seguidos donde me perseguían y en el centro de
la plaza había un árbol. Jamás creí que pudiera volverse una realidad.
En el sueño, el árbol me decía:
— Aquí hay una cuerda que te llevará a donde tu verdaderamente deseas.
—¿Acaso hay algo verdadero?—Le pregunté.
—Mira a tu alrededor.—Me dijo.
—Ya.
—Míralo mejor.
—¿Cómo puedo mirar mejor?—Le pregunté.
—Admira.
—Ya.
—¿Qué ves?
—Al amor.
—Toma la cuerda y salta.
—Tengo miedo.—Le contestaba.
—Entonces, no has mirado bien. Salta sólo cuando hayas observado bien, entonces, no tendrías más miedo, sólo sentirás amor.
Todas las noches, ahí me despertaba. No me atrevía a saltar.
Ese día, estaba segura que en ese árbol había una cuerda que me
llevaría a un lugar seguro. El ayudante de Foxton estaba abajo del
árbol y noté que iba a empezar a subir. Le dije a niñita:
—No tengas miedo. Vamos a saltar, abrázame muy fuerte. Aquí hay una
cuerda, pero te voy a abrazar mientras saltemos. No te pasará nada.
Ella pequeñita, no entendía mucho qué pasaba. La tomé en mis brazos,
con un brazo tomé la cuerda que tenía una bolita para que la tomara con
la mano y salté.
El vuelo fue impresionante. Caímos dentro de una casa en donde el
ayudante no podría entrar a robarnos. Fue tal el estruendo que salió
gente de la casa a su jardín.
—¿Qué pasó?—Me preguntaron. Sentía mi cuerpo todo dolorido, pero la tranquilidad invadía mi ser.
—Nos raptaron. Estamos huyendo de la persona que nos raptó. Por favor,
busquen a la familia de esta niña. No se la den a ningún hombre. El que
nos raptó se llama Foxton. Tiene un ayudante.
Todos estaban impresionados. Yo sabía que estaba muriendo, pero la pequeña cayo sobre mí y estaba bien.
Fue entonces que me di cuenta que la seguridad no provenía del
exterior, sino del interior. Si eso lo hubiera entendido antes, hubiera
huido de Foxton cuando era mucho más pequeña, pero estaba feliz. Si no
hubiera sucedido así, no hubiera salvado a esta niñita de ese hombre.
Las gotas de lluvia limpiaban mi sangre y me convertían en algo tan
especial que no sé describirlo, le llaman amor, pero esa palabra se
queda corta.
¿Qué pasó después?
No sé si morí,
pero soy radiante.
Supongo que sí,
todos morimos eventualmente…
¿No?
¿Será que no lo sé porque
es mejor morir amando
que morir con miedo?
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