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No querer espacios PDF Print E-mail
Written by Lina Ru   

No te empeñes en encontrar un espacio tuyo porque en tu necedad lo encontrarás y te darás cuenta que... realmente no lo querías. ¿Por qué?

¿Quién quiere estar encerrado en un lugar cuando puede estar en todos los lugares que puedan existir e imaginar? ¿Quién quiere estar limitado por sus propias experiencias e ideologías y por lo tanto, caer en los errores de aquella limitación?

¿Será que la seguridad que encuentras al definir lo que crees que eres, es la que provoca el miedo a perder todo lo que crees tener? ¿Será que nunca has tenido porque nunca has perdido y por eso, es imperativo encontrar que el miedo es lo mismo que el amor, pero ocultado y devorado por la memoria? 

¿Por qué nos empeñamos en ir a conquistar los cielos y universos, pero perdemos de vista la inmensidad que habita en nosotros? 

¿Por qué nos empeñamos en limitarnos, en acercarnos al universo temporal-espacial-dimensional, pero alejándonos de la contemplación de nuestro propio ser atemporal, sin dimensión y espacio?  ¿Será que por miedo nos limitamos? ¿Será que mientras nos limitemos de forma irracional el mundo que se concibe en nuestra cognición va a la auto-destrucción?

¿Quién se destruye? Sólo se puede destruir a uno mismo, si uno mismo se concibe como un concepto porque los conceptos no existen como realidad, sino como pensamiento, es decir, como ola en el mar. Por lo tanto, no existe la destrucción si no hay a quién destruir. No existe la hermosura si no hay objeto al cual admirar, pero...
 
Aclaremos: La concepción de la cognición es la que va a la auto-destrucción, más no la conciencia que comprende, observa, admira a la concepción de la cognición que va a la auto-destrucción.

La conciencia deja de ser un objeto cuando se le observa, puesto los objetos son conceptos de nuestra forma de concebir a la existencia.

El caminar (existencia) es invisible cuando nos adentramos al mar (amor), pero el movimiento (entendimiento) se puede sentir porque estamos llenos de agua (conciencia) hasta las puntas del pelo.

Nacemos con colores, 
lo traducimos a sabores
para volar entre listones
de algodón azul
que llamamos:
amor.