|
Conocí una mujer que desvió mi atención completamente de lo que estaba haciendo, ahora estaba intrigado en encontrar que significaban unos números, en vez de estar buscando el sabio que me quitaría de encima todas mis preguntas y de pasada, quizá todas mis preocupaciones.
Buscando entender lo que ella me quiso decir las diferentes páginas del libro, me topé con una idea en mi cabeza: “Los números son partes abstractas de una realidad concreta. Si mediante los números podemos entender partes concretas mediante abstracciones, entonces quizá el ser sabio significa ser concreto y vivir de forma abstracta. Es decir, ser práctico, pero entender todo lo que nos rodea sin usar palabras. ”
Y en ese instante, vi los números como calles y fui llegando entre abstracciones a una casa. Tomé el libro y me arranqué corriendo a la avenida y calle que representarían los números del libro.
Ya estando parado ahí, traté de entender si el resto de los números eran una casa o una hora… La vi.
Vestía una falda azul que le llegaba a las rodillas, el pelo sobre su
cara porque estaba buscando algo en su bolso. Me acerqué y le dije:
—¿Creíste que no te encontraría?
La mujer levantó la cara y me dijo sorprendida:
—¿Disculpe, lo conozco?
No era ella. Me quedé callado. Estaba pasmado… Ella me miró preocupada y me dice:
—¿Estas bien? Ven… Siéntate.
Me tomó de la mano y me sentó en una banca que estaba muy cerca de donde estábamos parados.
—Estoy bien.—le contesté.
—No te ves bien. ¿Cómo te llamas?—me preguntó.
—No lo sé.
—¡ Cómo puedes no saber!—exclamó. Realmente, no sé lo que me pasó, ni
por que le contesté eso, pero de algo sirvió porque continuó sin darme
oportunidad de contestarle:
—¿Quieres que le llame a un doctor? Por aquí vive una amiga mía… Ven.
Al entrar a la casa me di cuenta que habían muchas estatuas y el olor a sándalo era muy penetrante.
Estando ahí, me dijo:
—Me dijo que nos encontrarías.
—¿De quién hablas?—le pregunté.
—Mi hermana… ¿Es a ella a quién buscas, no?—me contestó mientras me daba un vaso.
—No conozco a tu hermana, no te conozco a ti… ¿me conoces?—le pregunté después de tomar el agua.
Ignoró mi pregunta y prosiguió diciéndome:
—Vamos a ir al Tecanochi. Descansa un rato, esperemos a mi hermana.
No sé que habría puesto en la bebida porque me dio tanto sueño y me quedé dormido.
Era hora de soñar…
|