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Me encontré de regreso, mi casa olía a libros mojados y creo que eso me daba alergia porque no me paraba de estornudar. El mes pasado había viajado a una montaña para encontrar a un sabio, pero como surgen las a una velocidad impresionante… No me queda más remedio que ponerme a leer.
Perdí tanto tiempo tratando de encontrar a un sabio que se llamaba… Creo que ni nombre formal tenía.
Total, me puse a pensar que libros podría leer y corrió por mi mente miles de libros y autores, pero… No estaba seguro. Podría ser alguien de la época griega o quizá la filosofía china… ¿Y si fuera alguien moderno que no conozco?
Fue entonces que mi mente se iluminó, iré a una librería y compraré los libros que me suenen interesantes.
Limpié la casa de ese olor fuerte que ya no era soportable, no eran libros mojados, sino había dejado ropa mojada en la lavadora. ¿Quién fuera a pensar que las maquinas automáticas se pueden equivocar y lavar libros en vez de ropa?
Salí, los carros me estaba mareando, tanto ruido y poca paz. Al menos en mi viaje habían más mosquitos que carros, aclaro, detesto los mosquitos… Imaginen cuánto más detesto los carros.
¡Pero a quién le interesa eso! Mejor, saltemos esa parte y lleguemos a la puerta de la librería…
Una hermosa muchacha de pelo rizado y café me miró y continuó su camino.
Ella también estaba entrando a la librería. ¡Quién fuera a pensar que mi búsqueda sería desviada por una hermosa mujer!
Caminé entonces cerca de ella, como si me gustara la psicología infantil y las teorías raras que ni entienden, ni resuelven, pero sí diagnostican a toda criatura humana… No dudo que también se pueda incluir alguno que otro delfín, canino o felino.
La chica muy segura me mira y dice:
—¿Acaso estas aquí porque quieres mi teléfono?
¡Ah! No lo hice bien, demasiado obvio. Ya había arruinado la primera parte, pero quizá si la ignoro…
Le pregunté:
—¿Acaso preguntas eso porque tú quieres el mío?
Lo había logrado. Una risa se asomó en su cara, pero no contestó. La ignoré. Seguí mirando los libros y ahora sí, se acerca y me dice:
—¿Qué buscas?
—¿Sabes de libros? No te ves muy lectora—le contesté para hacerla enojar.
—¡Qué te pasa! A ver, dime y verás.—me respondió.
—No sé si deba contarte. Es un asunto personal.—Le dije sin mirarla, puesto estaba hojeando y revistando libros que realmente NO tenían nada de lo que buscaba.
—Estas hojeando un libro de enfermedades infantiles. ¿Por qué?—me preguntó. La niña era lista. No se iba a dejar convencer por una respuesta tonta, así que decidí contarle:
—En realidad, estoy buscando algo distinto. Estoy buscando algo que me de varias respuestas sobre la sabiduría.
Se rió y exclamó:
—¡Sé que te puede servir!—se movió a otra área, no la veía, como por 5 minutos la perdí de vista. Fue entonces, cuando por la espalda me asustó y dijo:
—Compra este libro. No discutas y hazlo, Si no te gusta, pues regresas y vuelves a buscar tus respuestas.
Quería pedirle su teléfono, pero hacerlo sería darme auto jaque mate, así que la deje ir.
Como es de imaginarse, compré el libro.
El titulo del mismo es:
“Pensar por si mismo”
¿Qué me querrá decir la mujer? Nada tonta, me dejó un número que podría ser de teléfono en la página 28…
y en la página 56 …77… 113…
¿Qué me quiso decir con esto? ¡Vaya!
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