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Curiosa como suele ser la vida, que te lleva de la mano y aunque te sientas perdido... El camino se abre como el telón en un teatro tan grande que no se alcanzan a ver los actores.
Me encontré varias semanas después conocí a un hombre cuya obsesión era resolver el dilema de los círculos viciosos abiertos, es decir, PI. Él decía que si encontrabas el final o el inicio de algo que parece infinito, entonces encontrarías a Dios. Sí, y digo que parece infinito porque si fuera infinito jamás encontraría el inicio o final.
Si parece revuelto esto que digo, apenas es el principio, aprendí con
él que muchos matemáticos están obsesionados con entender al hombre, su
conciencia y realidad. Entendí que las matemáticas era otro lenguaje
más, así como la música, el dibujo, el chino o español. Lo hermoso de
ese lenguaje era la precisión, ya que en los idiomas que usamos para
comunicarnos suelen tener muchos significados y traducciones erróneas,
ni el diccionario sirve de mucho cuando se está en constante cambio.
¿Acaso ese matemático era el sabio que tanto había buscado?
Estaba él sentado en el parque donde lo había conocido, me acerqué y le pregunté:
— ¿Si estuvieras equivocado?
— No me equivoco.— Me contestó apoyando su mano sobre su boca.
— ¿Por qué?— Pregunté.
— Simplemente, lo sé. — Contestó.
— ¿Estas seguro, entonces, de quién es dios?
— El tiempo tiene inicio y fin en mí por eso no puedo percibir al
infinito como un una realidad, pero sí como un concepto matemático.
Podría seguir escribiendo lo que recuerdo de la conversación, pero no
le encuentro mucho sentido porque por más que intente explicar, mis
palabras no son exactamente como las que él dijo. En realidad, fue mi
traducción de lo vivido.
Lo veo como un arma de doble filo: lo mismo que nos une es lo mismo que
nos aleja, la comunicación y el lenguaje utilizado. Las palabras
siempre serán palabras y eso, deja al concepto del infinito como eso,
una palabra.
Realmente el matemático estaba limitado por sus propios conceptos que
hacían se expandiera... Mm... Lo mismo que nos permite entender más, es
lo mismo que nos detiene a aprender más.
Me retiré del lugar, un poco decepcionado por no haber encontrado al
sabio, pero contento por haber entendido algo muy importante para mí:
Si no sé explicar las cosas correctamente, ¿cómo podré encontrar al
sabio que realmente estoy buscando? ¿Cómo sabré que eso estoy buscando
si mi mente muchas veces se basa en palabras para decirse a si mismo
cosas?
¿Quién me podría contestar esto?... Quizá un poeta, quizá un traductor, quizá un lingüista, ¿quién?
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