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Era hora de despertar. No me hacía caso.
Así que le grité:
—¡BeBaPY, BeBaPY despierta!
¡No funcionó!
¿Qué podría hacer para que él se alegrara y despertara a la vida?
Grita conmigo:
—¡BeBaPY somos felices! ¡Despierta!
No lo despertamos… ¿Qué le pasará?
Otra vez, gritemos:
—¡BeBaPY te amamos! ¡Despierta!
BeBaPY abrió los ojos y dijo con una voz dormilona:
—¿Alguien me ama? ¡Voy a llorar de la alegría! Acabo de entender, otra vez, que el amor me hace feliz.
—¿Recuerdas lo que soñaste?—Le pregunté a BeBaPY.
—No.
—¿Qué vamos a hacer?
—Vamos a encontrarla.—Dijo BeBaPY.—Ya fue suficiente de estar lejos de ella.
—¿Cómo lo haremos?—Le pregunté a BeBaPY.
—¿Ves el cielo? Ella esta ahí. Llegaré a ella convirtiéndome en una historia del cosmos.
Fue entonces que BeBaPY se convirtió en una historia que parecía poema. Estaba en el cuarto de la niñita. Él estaba convencido que ella lo abriría algún día y así podrían viajar juntos.
Pasaron los años y ella no abría el libro. Ya había crecido…
No sabemos todavía porque lo abrió un día, pero al abrirlo, notó algo especial…
Las letras brillaban como si fueran estrellas y por eso comenzó a leer en voz alta:
Había un árbol frondoso en el desierto,
la arena era el tiempo…
El árbol se movía con el viento
que era su memoria…
Se quejaba de la sequía
y se lamentaba mientras llovía.
La lluvia era su voluntad,
pues podía mediante sus raíces
llamarle a la Tierra, su madre,
que le daría su infinito amor…
El árbol se llenaba de sol
que era su fe,
mientras caía el ocaso.
Llegó la noche y el desierto
se convirtió en un paraíso forestal.
El árbol se quedó dormido
antes de darse cuenta del milagro
que lo rodeaba…
Por azares de las causas,
un pajarito se posó en una rama,
que era su sol
y empezó a cantar.
El árbol se fue despertando lentamente,
encontró en sus ramas luz infinita
que lo alumbraban en el anochecer
y a un pajarito cocinando
un arcoiris musical.
El árbol arrancó sus raíces de la arena suave
y empezó a danzar hasta que se sus raíces
se convirtieron en piernas…
Danzó tanto que se cansó y durmió
despertando en una cama
hecha de algodón,
que era su nuevo hogar.
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