No te rindas cuando sólo quieres morir, no te sueltes si estas caído, siempre habrá una mano que te eleve más allá de tu antiguo andar.
No te rindas cuando crees que no hay amor, no te sueltes cuando el invierno toca tu piel y sólo quisieras perecer.
¿Qué sería del mundo sin un alma que ama como tú?
¿Llorar?
¡Es mejor que llores en vida a que veamos un mundo perdido sin el alma floreciente que eres tú!
Si lloras, no olvides que es tu sonrisa la llena este mundo de ti, tu luz.
No te rindas, cuando todo parece ser codicia y podredumbre, no te sueltes del amor que tanto vela por verte brillar, feliz, pleno y libre de tanto desolar.
No te rindas, que en lo más negro se encuentra el preámbulo de la gloria, no te sueltes que no estas solo, aquí estoy, como tú, con la mano abierta.
No te sueltes, que si juntos nos tomamos de las manos nos elevaremos al más allá y nos volveremos un mundo de delirante amar.